Control Resonant parte de una premisa bastante peculiar: tras los acontecimientos de FBC: Firebreak, la amenaza del Hiss consigue escapar de The Oldest House y Manhattan termina afectado por una ruptura entre dimensiones. Ante una situación que incluso Jesse Faden parece incapaz de resolver, la solución pasa por recurrir a Dylan Faden, un personaje que está lejos de ser un héroe convencional y que puede representar tanto una esperanza como una amenaza. Desde el principio, Remedy deja claro que esta nueva entrega supone un riesgo para el estudio, al aventurarse en un género mucho más abierto y extenso de lo habitual.

La historia es una de sus grandes fortalezas. La búsqueda de Jesse se mezcla con distintas amenazas interdimensionales, secretos familiares y personajes que tienen sus propios conflictos. Dylan funciona especialmente bien como protagonista, ya que es un personaje complicado que ni siquiera confía plenamente en sí mismo, mientras que Zoe aporta una personalidad mucho más racional y una relación inicialmente bastante conflictiva con él. La historia también recupera elementos del pasado de la familia Faden y los conecta con los acontecimientos actuales. No alcanza el nivel narrativo de Alan Wake 2, pero sigue ofreciendo una trama interesante y llena de detalles que merece la pena descubrir por cuenta propia.

El mundo de Manhattan es otro de los grandes cambios. Aunque Remedy evita definirlo directamente como un mundo abierto tradicional, en la práctica tenemos varias zonas conectadas entre sí, cada una con sus propias características, enemigos y reglas. La exploración recompensa constantemente la curiosidad, con documentos, grabaciones, secretos y pequeñas historias escondidas por todas partes. También existen zonas que pueden pasar completamente desapercibidas si solo seguimos la historia principal. Los puntos de control, los túneles del metro y las puertas que permiten establecer rutas de viaje rápido hacen que recorrer la ciudad sea una parte importante de la experiencia.

Y si hay algo que distingue a Control Resonant, es la manera en que juega con las reglas de su mundo. La gravedad no siempre funciona como esperamos y algunas zonas pueden convertir literalmente el suelo en una pared o un techo. Esta idea permite crear escenarios que recuerdan al famoso Ashtray Maze, pero llevados a una escala mucho mayor. En ocasiones el diseño puede resultar excesivo y desorientador, pero también consigue ofrecer algunos de los escenarios más originales de la aventura. A esto se suman los Resonants y las Faulty, que añaden enfrentamientos opcionales, nuevas habilidades y más piezas de la historia.

La progresión también ofrece bastante libertad. Dylan puede desarrollar diferentes ramas de habilidades, elegir nuevas capacidades después de derrotar a determinados enemigos y modificar las distintas formas de su arma Aberrant. No estamos ante un RPG donde podamos crear un personaje completamente diferente, ya que Dylan sigue teniendo una historia y un destino definidos, pero la construcción del personaje permite que cada jugador lo desarrolle de una manera distinta. A esto se suma una enorme cantidad de contenido secundario, desde misiones y acertijos hasta actividades más pequeñas que, siguiendo la tradición de Remedy, suelen esconder algún giro extraño que las diferencia de las típicas tareas de mundo abierto.

El combate, en cambio, es probablemente el apartado menos destacado. Aberrant puede adoptar diferentes formas y combinar ataques cuerpo a cuerpo con algunas opciones a distancia, mientras que las habilidades permiten mantener enemigos en el aire y aprovechar las particularidades del escenario. También existen enemigos con debilidades específicas y un sistema de ejecuciones que recompensa mantener la ofensiva. Sin embargo, el sistema carece de bloqueo o parry y depende demasiado de atacar constantemente, esquivar y recuperar recursos a través del combate. Funciona y puede ser divertido, especialmente gracias a la movilidad y los combates aéreos, pero está lejos de ser el punto fuerte de la experiencia.
Un aspecto especialmente positivo es la cantidad de opciones de accesibilidad y personalización de la dificultad. Es posible modificar diferentes parámetros para adaptar el desafío a nuestro gusto, algo que resulta bastante útil porque los enemigos pueden resistir demasiados golpes en la configuración predeterminada. También permite mantener un estilo agresivo sin convertir necesariamente la aventura en un paseo. Técnicamente, el motor Northlight vuelve a demostrar sus capacidades con una gran cantidad de efectos, iluminación y distorsiones del espacio, mientras que el apartado sonoro y el doblaje ayudan a reforzar la personalidad del mundo. La ausencia de música de Poets of the Fall se siente, eso sí, como una pequeña decepción para quienes asocian sus canciones con las producciones de Remedy.